MONS. JONATHAN GODOY
POR MERCÊ DE DEUS E DA SÉ APOSTÓLICA
ARCEBISPO-TITULAR DE TARSO E
VIGÁRIO-GERAL PARA A DIOCESE DE ROMA
Prot. Nº. 027/2026
CARTA CIRCULAR
Ao Beatíssimo Pai,
Saudações Filiais e desejo de Paz.
[PT]
Neste dia de profunda alegria e ação de graças, em que a Providência Divina assinala o primeiro aniversário de vossa eleição canônica para a Cátedra de Pedro, dirijo-me a Vossa Santidade não apenas com o respeito devido ao Supremo Pastor, mas com a filial e estreita devoção que emana do meu múnus como vosso Vigário Geral para esta Diocese de Roma. Unem-se a mim o clero, os religiosos e todo o povo de Deus desta Alma Urbs, que hoje se reúnem espiritualmente, e de forma solene na Arquibasílica Lateranense para bendizer ao Altíssimo pelo dom do vosso ministério petrino.
Como filho e irmão, não posso deixar de contemplar com assombro e reverência o desígnio divino que repousa sobre os vossos ombros. A celebração de hoje transcende a mera efeméride humana; ela nos remete ao mistério da própria constituição da Igreja. É oportuno recordar, como fizera outrora o grande Santo Ambrósio, que "Ubi Petrus, ibi Ecclesia; ubi Ecclesia, ibi nulla mors, sed vita aeterna". Onde está Pedro, aí está a Igreja, e onde está a Igreja de Roma, brilha para o mundo o farol inabalável da verdade cristã e da unidade indissolúvel.
A primazia da Sede Romana, purificada pelo sangue dos Santos Apóstolos Pedro e Paulo, não é uma concessão da história ou um arranjo da prudência humana, mas uma instituição do próprio Cristo Senhor, Rei dos séculos. Vossa Santidade, ao assumir o múnus de Bispo de Roma, assumiu o encargo de ser o perpétuo e visível princípio de unidade tanto dos nossos Veneráveis Irmãos no Episcopado quanto da multidão dos fiéis. É sob o vosso olhar e sob a vossa autoridade que o Colégio Episcopal encontra sua legítima existência e ação canônica, salvaguardando o depósito da fé contra os ventos contrários que fustigam a barca mística nestes tempos de tantos desafios.
Na Mesa da Eucaristia, onde a Igreja encontra o cume e a fonte de sua vida, a nossa Liturgia Romana proclama incessantemente a vossa solicitude por todas as Igrejas. Hoje, de modo particular, elevamos o Cálice da Salvação em ação de graças pelo vosso pastoreio firme, terno e paternal. Pedimos ao Divino Pastor que conceda a Vossa Santidade saúde vigorosa, sabedoria salomônica e a fortaleza dos mártires para continuar confirmando os vossos irmãos na fé.
Que a Virgem Maria, Mãe da Igreja e Rainha dos Apóstolos, interceda por vosso Pontificado, e que os gloriosos patronos Pedro e Paulo protejam os vossos passos. Com o coração repleto de comunhão hierárquica e filial amor, renovo-vos o meu juramento de fidelidade e obediência, enquanto humildemente suplico a vossa paternal Bênção Apostólica.
[ES]
En este día de profunda alegría y acción de gracias, en el que la Providencia Divina señala el primer aniversario de vuestra elección canónica para la Cátedra de Pedro, me dirijo a Vuestra Santidad no solo con el respeto debido al Supremo Pastor, sino con la filial y estrecha devoción que emana de mi munus como vuestro Vicario General para esta Diócesis de Roma. Se unen a mí el clero, los religiosos y todo el pueblo de Dios de esta Alma Urbs, que hoy se reúnen espiritualmente, y de forma solemne en la Archibasílica Letranense, para bendecir al Altísimo por el don de vuestro ministerio petrino.
Como hijo e hermano, no puedo dejar de contemplar con asombro y reverencia el designio divino que reposa sobre vuestros hombros. La celebración de hoy trasciende la mera efeméride humana; ella nos remite al misterio de la propia constitución de la Iglesia. Es oportuno recordar, como hiciera otrora el gran Santo Ambrosio, que "Ubi Petrus, ibi Ecclesia; ubi Ecclesia, ibi nulla mors, sed vita aeterna". Donde está Pedro, allí está la Iglesia, y donde está la Iglesia de Roma, brilla para el mundo el faro inquebrantable de la verdad cristiana y de la unidad indisoluble.
La primacía de la Sede Romana, purificada por la sangre de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, no es una concesión de la historia o un arreglo de la prudencia humana, sino una institución del propio Cristo Señor, Rey de los siglos. Vuestra Santidad, al asumir el munus de Obispo de Roma, asumió el encargo de ser el perpetuo y visible principio de unidad tanto de nuestros Venerables Hermanos en el Episcopado como de la multitud de los fieles. Es bajo vuestra mirada y bajo vuestra autoridad que el Colegio Episcopal encuentra su legítima existencia y acción canónica, salvaguardando el depósito de la fe contra los vientos contrarios que azotan la barca mística en estos tiempos de tantos desafíos.
En la Mesa de la Eucaristía, donde la Iglesia encuentra la cumbre y la fuente de su vida, nuestra Liturgia Romana proclama incesantemente vuestra solicitud por todas las Iglesias. Hoy, de modo particular, elevamos el Cáliz de la Salvación en acción de gracias por vuestro pastoreo firme, tierno y paternal. Pedimos al Divino Pastor que conceda a Vuestra Santidad salud vigorosa, sabiduría salomónica y la fortaleza de los mártires para continuar confirmando a vuestros hermanos en la fe.
Que la Virgen María, Madre de la Iglesia y Reina de los Apóstoles, interceda por vuestro Pontificado, y que los gloriosos patronos Pedro y Pablo protejan vuestros pasos. Con el corazón repleto de comunión jerárquica y filial amor, os renuevo mi juramento de fidelidad y obediencia, mientras humildemente suplico vuestra paternal Bendición Apostólica.
Datum Romae, in Palatio Lateranensi,
die XXI junii, anno Domini MMXXVI.
† Jonathan Godoy
Vicarius Generalis pro Dioecesi Romana